Elegimos retratar a una mujer con una presencia escénica muy fuerte, capaz de captar la atención apenas aparece en cuadro. Su peluca azul, sumada a una actitud intensa y magnética, la vuelve una figura que rompe con la lógica cotidiana del espacio.
La acción elegida es bailando. La filmamos en la entrada de un bajo nivel, intervenido con luces de colores, mientras interpreta Lotus Flower de Radiohead a través de movimientos espásticos e imprevisibles. Nos interesó el contraste entre la rigidez urbana del entorno y la libertad corporal de la protagonista.
Técnicamente, trabajamos con trípode y un único plano fijo, buscando que toda la fuerza recaiga en la presencia de la retratada y en la transformación que produce dentro del encuadre. La decisión de sostener un solo punto de vista permite observar cómo el cuerpo modifica el espacio a medida que avanza la acción. El sonido está construido a partir de la canción, utilizada como eje rítmico y expresivo de la pieza.